miércoles, 3 de septiembre de 2008

* POLÍTICA DE PARTIDO, POLÍTICA REGIONAL, POLÍTICA DE ESTADO *


“Si no sabes a dónde quieres ir, no tiene importancia cuál de los caminos tomes”. L. Carroll.

*Constitucionalistas-1978
*Pactos de la Moncloa-1979


TRANSICIÓN Y CONSTITUCIÓN.
Al inicio de la Transición, siendo Secretario General de UCD-Asturias, escribí un Artículo de igual título que, visto desde la perspectiva actual , ahora adapto y analizo .

Zapatero ha cometido y comete muchos y muy graves errores -"el peor presidente de la democracia", según recientes encuestas - pero está consiguiendo, sin pretenderlo, un proceso "revisionista", el volver a los tiempos de pacto y compromiso, a readaptar acuerdos de lealtad con la Constitución.

Tras el 15 de Junio de 1977 se constituyen las dos Cámaras del Parlamento español por iniciativa y consulta de/a los partidos políticos, por lo que el poder legislativo -y también el ejecutivo- quedan sujetos a las propuestas y acciones de aquellos, a veces inclinados a una política de Estado -como los Pactos de la Moncloa, por ejemplo- cuando entienden que ésta está por encima de razones partidistas.
Tras aprobar la Constitución en diciembre de 1978, su Título VIII hará amplia referencia al Modelo Territorial Autonómico, inicio de la idea regional política descentralizada.

Al objeto de nuestra reflexión, clasificaremos la acción política en tres planos: Partido, Regional y Estado. Desde la ortodoxia, los tres planos deberían ser compatibles pero la praxis real de la política comporta dificultades y, por ello, la adecuación -prioritaria y/o compatible- diferencia a un buen político -estadista y vocacional- de otro mediocre -arribista y especulador-.

El individuo, sujeto de la acción política, debe exigir el equilibrio -Partido/Región/Estado- no siempre fácil y, en su caso, el que mejor represente los intereses colectivos, nunca irrenunciables: ello no significa la renuncia sistemática a ideologías, programas y modelos de sociedad Partidistas, al sentir Autonómico Regional, o a la concepción de un Estado soberano único y constitucional.

POLÍTICA DE PARTIDO.

En una democracia parlamentaria existen partidos políticos diferenciados, no siendo deseable su atomización ni siquiera en democracias consolidadas: nos inclinamos hacia unos pocos partidos como en las democracias europeas o, al estilo anglosajón, en dos partidos mayoritarios, cuya alternancia en el poder no debiera suponer grandes modificaciones político-administrativas en las denominadas políticas de Estado, en las que es deseable legislar por acuerdos.

Propondría además que, con la perspectiva de estos 30 años, los partidos nacionalistas de ámbito autonómico -y mucho más si son independentistas u otras fórmulas no constitucionales- no formen parte del Congreso de los Diputados, limitándose a sus Parlamentos Regionales y/o al Senado de la nación transformado en Cámara de Repesentación Territorial .

La nación española debe regirse por partidos de ámbito nacional y constitucionalistas, sin tener que estar -ya casi permanentemente- a expensas de "dudosos" pactos con grupos minoritarios de ámbito regional, cuyos intereses son -ya casi permanentemente- diferentes y aún contrarios al legítimo interés nacional: en ningún parlamento de nuestro entorno tienen representación los citados nacionalistas, por muy regionalista o federal que sea el Estado en cuestión.

Lo anterior junto con la propuesta de modificación del Senado, son cuestiones muy urgentes que exigen reformas constitucionales y electorales, aprovechando para la eliminación de la ley semisálica de sucesión a la Corona y otras propuestas del Consejo de Estado, entre otros.

De esta forma se consigue una estabilidad institucional, política y democrática, amplios entornos sociológicos, clasificación ideológica y útil del voto, dogmatismos relativos, oposiciones con respaldo y alternancia, y minorías respetadas y moderadas: naturalmente cada partido expone y defiende su ideología, programa y modelo de sociedad deseado.
La misión legítima de un partido político es ganar elecciones para poder desarrollar sus ideas, programas y modelos, siendo claramente partidistas las etapas electorales: una vez contituídas las instituciones en función de los resultados, el partidismo deberá conjugarse con el pluripartidismo, el diálogo, la seriedad y la negociación, tendente siempre al interés general y prioritario en los niveles local, regional y nacional.
En ningún momento un partido político omitirá sus ideas, cesará en su organización o cederá parcelas de poder dura y tenazmente conseguidas. pero tampoco impondrá su ley -y a veces su "capricho"-, con claro deterioro de unas instituciones -y no sólo políticas- que está obligado a preservar y potenciar, utilizando los mecanismos de diálogo y moderación ya aludidos.
POLÍTICA REGIONAL.
El Título VIII de la Constitución del 78 hace una amplia referencia a la distribución del Estado en un nuevo y original Modelo Autonómico de Regiones como partes indivisibles del Estado unitario, que serán desarrolladas en sus posteriores Estatutos.
Estos desarrollos junto con el de la vida Municipal y corporativa han sido uno de los mayores retos para la política española de los últimos años, dependiendo de ellos, en cierta medida, el asentamiento democrático, la mejora y equilibrio de las condiciones económicas, sociales y culturales de las diversas regiones españolas y, en definitiva, de la credibilidad de nuestro modelo territorial.
El paso de un Estado autoritario fuertemente centralizado a otro democrático descentralizado autonómicamente exige tiempo, imaginación, esfuerzo, realismo y responsabilidad pero, sobretodo, sacrificio, solidaridad, renuncia, generosidad y...lealtad.
Hasta ahora los resultados han sido razonablemente aceptables, pero desde la llegada de Zapatero al gobierno se producen inquietantes puntos de inflexión negativos, contrarios a las exigencias apuntadas, insolidaridades crecientes y retos independentistas ilegales e inadmisibles que pueden producir la "quiebra" y agotamiento del Modelo por falta de credibilidad .
Ciertamente la problemática autonómica no es uniforme, y obedece a razones de índole diversa según la región u otras circunstancias, pero queremos significar un denominador actual y común: el comportamiento de su clase política, y no solo nacionalista, cada vez de un "perfil" inquitantemente menor, y más "profesionalizada" en el sentido más peyorativo y nepótico desilustrado del término.
Los casos del País Vasco (PNV), Cataluña (¡PSOE-PSC!+ERC+IU) y aún Galicia (¡PSOE-PSG!+BNG) son paradigmáticos, pero comienzan los primeros brotes en Canarias (CC), Baleares(¡PSOE!+5),...tanto lingüísticos e insolidarios como de deslealtad en senda independentista.
La idea regional, en sus justos términos, debía primar a veces sobre la partidista sin menoscabo de la solidaridad entre las regiones, pero inferior a la idea estatal: el gran problema son los "personalismos" con las connotaciones antes citadas, por lo que el modelo necesita una muy urgente reconducción a la legalidad y espíritu constitucional.
POLÍTICA DE ESTADO.
Finalmente, analizamos la política desde la óptica del Estado, como superadora de partidismos y regionalismos.
Según el art. 2: "La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas".
La política de Estado pasa por dos coordenadas: una continua o de la actividad cotidiana, y otra para momentos puntuales o decisivos, mediante el acuerdo de las fuerzas políticas como, por ejemplo, la elaboración de la Constitución, los Pactos de la Moncloa, los acuerdos contra el Terrorismo,..
En ambos casos están presentes el partidismo y el regionalismo, aunque con escalas diferentes pero, en el fondo, siempre debe latir y prevalecer la idea de Estado, la de su construcción y fortalecimiento con instituciones democráticas, firmes y garantistas, que comprenda y aglutine a todos los ciudadanos sin distinciones ni exclusiones.
En los Estados contemporáneos, su funcionalidad y los mecanismos de decisión ante las grandes alternativas nacionales son las preguntas-respuestas esenciales del futuro, sin olvidar las superestructuras o "macro-estados" como la Unión Europea, y la creciente globlalización.
En España, el acuerdo Político-Social es la mejor, y quizás la única, manera de garantizar el Estado del Bienestar durante las crisis, sin perjudicar los procesos de acumulación.
CONCLUSIONES.
En ningún momento hemos pensado que las políticas de Partido, Regional o de Estado se diluyan u oscurezcan, sino más bien lo contrario pues el pluripartidismo enriquece las diferentes actuaciones que, frecuentemente, se superponen e inciden recíprocamente unas sobre otras, hasta conseguir el deseado equilibrio.
La política ha de hacerse desde un presupuesto ideológico y sobre una realidad histórica, siendo el proceso de descentralización en sus variadas formas -federalismo, autonomías,...-el signo de los nuevos tiempos en el mundo, pero siempre siendo factores clave el bien común, la solidaridad y la lealtad, entre otros.
Debemos pues construir un Estado Nacional y Autonómico donde prevalezcan las ideas de libertad y justicia, y donde se eviten los desequilibrios intra o inter regionales originados por razones de grupo, clase, RH, sector, cupo o partido.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No entiendo por qué por un lado defiende a la constitución española y por otro lado la critica por su pluralidad respecto al sistema electoral. Todavia estamos inmersos en la transición y a cada año que pase se mejoraran las cosas pero hay que dar tiempo al tiempo y dejar hacer. La grave crisis que tenemos encima puede hacer mucho daño a nivel economico, social y politico y ahora mismo no se puede hacer otra cosa que aguantar el chaparrón y estar preparados y predispuestos a las situación que vayan apareciendo.

GUILLERMO DIAZ dijo...

Considero que habría de cambiarse la ley electoral para evitar el muchas veces "chantaje" de partidos nacionalistas que no se caracterizan precisamente por su solidaridad interterritorial. A su vez, aun cuando puedo estar de acuerdo con el estado de las autonomías, lo que no me parece bien es que el Estado se haya quedado prácticamente sin competencias. Se necesita un Estado mas sólido.

Kactus dijo...

Con todos los respetos, creo que el enfoque a mi entender no es el correcto.

Estamos en un estado autonómico, lo cual no significa que las autonomías se conviertan en estado dentro del propio estado.

En ejemplo claro de esto es la política educativa. ¿Cuántas leyes orgánicas de educación llevamos desde que se instauro la democracia? Es incomprensible a mi entender que no tengamos un modelo educativo pactado entre los dos grandes partidos y que para mayor desgracia los localismos se dediquen a imponer asignaturas regionalistas (ya no hablo de optativas hablo de obligatorias).

Está claro, bajo mi punto de vista que el estado tiene que aplicar el centralismo en temas como la educación, sanidad etc...

Sobre la ley electoral... Sinceramente yo pienso que no es tan mala como parece, ¿mejorable? Pues claro, como todo (sobre todo en el senado cámara inútil en estos momentos), la pregunta seria; ¿Quién está dispuesto a meter la tijera?